En su prefacio podemos leer, como presentación al libro:
Siempre he recalcado, a mis alumnos y discípulos de
artes marciales y defensa personal, una antigua máxima atribuida a Aristóteles,
que dice: “Todo guerrero debe ser también
un erudito para que sea perfectamente consciente de su verdadero poder”;
creo que de esta rotunda afirmación se obtiene una enseñanza que debería ser
asumida por cualquier artista marcial o deportista de combate, sin importar el
arte o deporte que practique; además, siempre he declarado que los profesores,
instructores, entrenadores y maestros no solo deberían enseñar a sus pupilos el
aspecto técnico y físico de su arte o deporte, al exigirles el aprendizaje de
sus conocimientos, sino que también deberían instruirles (al menos mínimamente)
en la cultura del país donde se generó el arte que practican, pues, de esta
forma, comprenderán mejor de donde surgió todo aquello que tanto le apasiona.
Esto, aunque en los deportes de contacto no pueda parecer importante, pues
muchos de ellos han surgido en Occidente, es vital para cualquier artista
marcial, de todas formas, incluso a los deportistas, si también se les muestra
(y enseña) la cultura oriental, no solo podrán conocer los orígenes de los
antecedentes de los deportes que practican (pues todos ellos tienen raíces
orientales, exceptuando el Boxeo Ingles), sino que además disfrutarán de un
conocimiento que le enriquecerá intelectualmente, algo indispensable en
cualquier persona, pero más en aquellos practicantes de artes marciales chinas,
japonesas, coreanas, etcétera, ya que las bases morales de aquello en lo que se
ejercitan se encuentra en el pensamiento oriental.
Por desgracia, en general, y a pesar de su gran
importancia, existe un enorme desconocimiento de la cultura oriental por parte
del mundo occidental, no solo de estos estudiantes de artes marciales y
deportes de combate a los que me he referido anteriormente, sino también por
gran parte de la colectividad occidental. Esto hay que atribuirlo a la
arrogancia de la cultura occidental que menosprecia todo aquello que no sean
sus logros, olvidando (o borrando interesadamente de sus mentes) que en
realidad los exitosos resultados obtenidos y sus descubrimientos e inventos no
habrían sido posibles sin la ayuda de otras civilizaciones y culturas
precedentes en el tiempo, en las cuales basaron los fundamentos de sus
conocimientos. Como siempre indico: es lamentable que la población occidental
carezca de una instrucción que le aportaría otra perspectiva del mundo y, por
tanto, sabiduría, al conocer, entender y asimilar otra concepción metafísica de
la vida, y otra forma de percibir y desarrollar los valores morales que
deberían regir en nuestra ética diaria, regulando nuestro comportamiento con la
naturaleza y con nuestros congéneres.
En el caso de los practicantes de artes marciales, el
desconocimiento de los principios y fundamentos en los que se asienta la
cultura que originó el arte marcial que aprenden y entrenan con tanto empeño e
ilusión, es deplorable, pero no hay que perturbarse, pues esto puede enmendarse
sin demasiado esfuerzo, ya que existen numerosas publicaciones de las cuales
extraer los conocimientos de los que carecen. Si bien puede parecer un tremendo
esfuerzo el leer y asimilar todas estas obras, el enriquecimiento intelectual
que puede aportar es tremendo, el cual, al dotar de nuevas perspectivas que no
se sabía que existieran y de nuevos conocimientos, harán evolucionar
mentalmente al lector, convirtiéndole en una persona culta, algo que no abunda
en la sociedad actual.