sábado, 30 de mayo de 2026

EXTRACTOS DEL LIBRO: “El Maestro Interior. Tu Oráculo Personal”.

En su prefacio podemos leer, como presentación al libro:

Todo comienzo tiene un origen y, antes de comenzar a desarrollar la presente obra, me gustaría desvelar su génesis, esto es, desearía informar sobre los antecedentes que tuvieron lugar para decidirme escribir una obra de estas características.

Lo primero que debo indicar es que soy maestro en artes marciales desde hace muchos años, y esto supone no solo trasmitir a los alumnos los “secretos” [1] de la técnica, la estrategia, la táctica… de estas artes de combate y autodefensa, no, todo maestro debe trasmitir también valores morales a sus alumnos y darles las herramientas para que ellos mismos reflexionen sobre la verdad de la vida, para que construyan el edificio de sus vidas con sólidos cimientos morales que logren elevarles por encima del resto de la sociedad, convirtiéndoles en defensores de la verdad y haciendo de cada uno de ellos una persona que marque la diferencia, esto es, que aporte positividad, comprensión y ayuda a los demás.

En mis clases de artes marciales está presente mi filosofía de vida desde prácticamente su comienzo, en 1980; tras el tradicional y pertinente saludo inicial, siempre he comenzado la clase con una frase, máxima, cita o comentario motivante, algo sobre lo que debieran pensar mis alumnos, les hiciera reflexionar y, con ello, les impulsase a crecer como personas.

Creerás que he cometido un error de redacción al hablar en una misma frase de “pensar” y “reflexionar” al ser sinónimos, pero debes darte cuenta de algo muy importante, a estos términos los diferencia un matiz importante: “pensar” implica tan solo una idea o una representación de un objeto o realidad en la mente, mientras que “reflexionar” implica además tomar el asunto en consideración, analizándolo profundamente para comprenderlo en profundidad, con el fin de formarse una clara opinión y tomar una decisión acertada sobe el tema en cuestión. Pondré un ejemplo: yo puedo pensar en un plátano, tener una clara representación gráfica en mi mente, pero si quiero saber porque ha aparecido encima de la mesa si yo no lo he puesto ahí, debo “reflexionar” para hallar la respuesta (por ejemplo: lo ha puesto mi pareja por si tenía hambre). Creo que ahora comprenderás el matiz.



Pues bien, como decía, al comienzo de cada clase de artes marciales siempre he dado a mis alumnos (y sigo dando) materia sobre lo que reflexionar. Algunos se quedan tan solo con eso, escuchan lo que digo, les gusta y les parece bien, aprenden y crecen como personas, mientras que otros no solo piensan en ello, sino que, además, reflexionan después de clase sobre lo que les he dicho; esos dejan de ser alumnos y se convierten en discípulos, aquellos seguidores que reciben la enseñanza y la aprovechan, construyendo su propio pensamiento con las herramientas recibidas.

Yo no he sido el primero en hacer esto, ni mucho menos, solo soy el continuador del proceder de maestros de todas las épocas y culturas que lo han hecho, y siguen haciéndolo, en la antigüedad y en la actualidad. El Bushido japonés o el Wu Te chino (Wude, en pinyin, la moderna transcripción del chino) son los nombres que se les ha dado a estos caminos marciales de perfeccionamiento personal, mientras que en otras parcelas del pensamiento se han designado con el nombre de Budismo, Taoísmo… incluso, Cristianismo (que no Catolicismo), todos ellos enfocados a lo ya comentado: el crecimiento personal, logrando con ello ser ejemplo de sus semejantes[2], y, espero, un buen ejemplo.

Durante muchos años estuve estado haciendo esto, hasta que en el año 2013 algo perturbó mi vida. Fue un cáncer de colon en su parte transversa (el segmento más grande del intestino grueso) que, afortunadamente, dio la cara al producir una oclusión intestinal que me llevó a urgencias (con fuertes dolores abdominales que pusieron a prueba mi autocontrol y mi tolerancia al dolor, la cual era grande al haber ampliado durante muchos años, con entrenamiento y voluntad, mi umbral del dolor). Tras varias horas hospitalizado, y tras hacerme numerosas pruebas, los médicos llegaron a conclusiones acertadas y decidieron que el primer quirófano vacío acogería mi cuerpo, mi malestar y el equipo médico que debía tratar de salvarme la vida. Tras varias horas cruciales lograron salvarme (como puedes suponer), pero a costa de cortar varios centímetros de intestino grueso y de, posteriormente, dos operaciones más y seiscientas horas de quimioterapia diferidas en el tiempo (doce sesiones de cincuenta horas cada una y una sesión cada quince días).

Como comprenderás tuve que faltar a algunas clases (pocas[3]), y eso que había días que me desenchufaban la bomba de quimioterapia del reservorio[4] a mediodía y por la noche impartía clase (eso sí, de una forma un tanto limitada, sentado casi todo el tiempo de clase, y hablando y enseñando más que practicando físicamente, pero, aun así, los alumnos y discípulos seguían aprendiendo). Esto, unido a que varios de mis discípulos comenzaron a impartir clase bajo mi guía y supervisión (incluso uno de ellos: Jesús Grandío Tierno, alcanzó en esos meses el grado de maestro en artes marciales, gracias a su esfuerzo, tesón y conocimiento), en septiembre de ese mismo año, aprovechándome de las nuevas tecnologías y las aplicaciones de mensajería instantánea, comencé a incluir en los grupos chat de las distintas escuelas marciales (mías y de mis discípulos), una frase o cita diaria para que reflexionasen aquellos alumnos y discípulos que no podían oír directamente mis palabras. Estas frases eran extraídas de los libros de mi nutrida biblioteca, exponiendo la sabiduría de grandes pensadores de todas las épocas y culturas, reservando los miércoles para adjuntar alguna reflexión de algún amigo maestro o de alguno de mis alumnos y discípulos, mientras que los sábados los reservé para las citas del ya nombrado maestro Grandío y los domingos para añadir las mías. Instándoles a todos ellos a comentar la frase seleccionada para ese día, aleccionado el sano debate enriquecedor, contrastando ideas y aprovechando las opiniones y las aportaciones de todos ellos; de esta forma todos hemos salido beneficiados intelectualmente.

Gustó tanto la idea, que después de pocos días comencé a incluir la reflexión diaria escogida en otros grupos chat (de amigos y maestros en artes marciales). Me impuse esta tarea y desde que comencé no he dejarlo de hacerlo; en alguna ocasión he incluido la cita en los diferentes chat y páginas Facebook, inmediatamente antes de alguna intervención quirúrgica o nada más despertar de la anestesia; un gustoso sacrificio al ser autoimpuesto, pues mi vocación vital es la enseñanza, de forma presencial o mediante mis escritos, incluso estuve durante un año impartiendo clase presencial de artes marciales con la bolsa de colostomía[5] que me implantaron en la primera operación, hasta que me pudieron reconstruir el colon.

Hasta la fecha he incluido en los diferentes grupos más de tres mil frases y reflexiones de muy distinta naturaleza, todas ellas distintas, si exceptuamos alguna que he considerado tan importante que debiera ser recordada después de un tiempo, lo que supone que el noventa y nueve por ciento de las citas incluidas son distintas y, en gran parte, originales.

Con el tiempo esto fue imitado y, desde hace tiempo, en el podcast de la Comunidad Dragonz (al principio como programa de radio en Internet y después como programa de televisión en dicho medio) se recita una cita diaria al comienzo de cada programa (incluso se ha aprovechado alguna de las que yo incluyo en los diferentes grupos chat, lo cual ha dado la oportunidad a algunos de mis discípulos de ver como sus reflexiones se difundían más de lo que ellos pensaban). Todo esto ocasionó que el director de Dragonz, el maestro Ignacio Serapio (Nacho, para los amigos) me diera la idea de escribir (o compilar) una obra en la que incluyera una cita diaria para leer cada día del año. Esta es la semilla de esta obra, el origen del comienzo, aunque comprobarás más adelante que he ido mucho más allá de tan solo reunir trescientas sesenta y seis citas (si, he pensados en los años bisiestos). Además, comprobarás que las citas que he incluido son todas ellas propias, esto es, son mis propias enseñanzas, aquellas que trasmitido a mis alumnos y discípulos desde hace muchos años, fruto de mi experiencia y estudio de la filosofía y cultura oriental desde hace más de medio siglo, sin desdeñar la sabiduría occidental, pues en cualquier lugar y de cualquier persona se puede (y se debe) aprender.

 

El título de la obra: “El maestro interior” alude a algo que siempre trasmito a mis alumnos y discípulos: “la misión del maestro es lograr que surja el maestro que todo discípulo tiene encerrado en su interior”, dándole los consejos y las herramientas intelectuales para conseguirlo, pues el maestro solo indica el Camino y debe ser el discípulo el que lo recorra, esforzándose por comprender, no solo aprender, pues esto último implica tan solo que se ha memorizado algo, cuando lo importante es comprender y asimilar lo encerrado en las simples palabras (esto pasa incluso en Derecho, cuando se habla de epiqueya, esto es, es más importante el espíritu que la letra de la Ley; y si en algo tan serio e importante como son los tribunales es así, ¿por qué no ha de serlo con la totalidad del aprendizaje?).

El subtítulo de la obra: “Tu oráculo personal”, alude al apartado “adivinatorio” de la obra. Te estarás preguntando a qué me refiero… paciencia, debes tener paciencia “pequeño saltamontes [6], ya lo sabrás más adelante. Mientras que el segundo subtítulo (“La verdad sobre la predicción del futuro”) alude al estudio que incluye esta obra sobre la historia de los vaticinios y su realidad, apoyándome en estudios científicos, como podrás comprobar.

 

Las frases que leerás en esta obra, lejos de ser de dificultosa comprensión, están llenas de sentido común  y experiencia vital, con el convencimiento que la simplicidad vence las dificultades, pues no se puede contrarrestar la dificultad con mayor dificultad, igual que no se puede apagar fuego con fuego, sino que se debe sofocar con agua o arena, ya que la vida es complicada por sí misma (así la hemos hecho los humanos) debemos simplificarla, logrando que los errores que cometemos a diario queden minimizados hasta su casi total desaparición, pues es imposible ser tan perfecto como para no cometer alguno de vez en cuando; lo que está claro es que si algo es complicado es más fácil que se estropee que algo sencillo, y también hay que tener en cuenta que algo, que puede ser sencillo en apariencia, puede ser de una gran dificultad aunque no lo parezca; por ejemplo: se suele decir que algo “es más sencillo que el mecanismo de un chupete”, pues aparentemente consiste en el simple acto de chupar y succionar, pero para lograr esto hay que poner en funcionamiento combinado treinta y dos músculos distintos[7], que implican además el correcto uso del sistema neuromuscular para poder coordinarlos con eficacia; no, nada es fácil, aunque sea habitual, lo hagan hasta los bebés y no lo pensemos. Otro ejemplo. ¿sabes cuantos músculos usamos al besar? Ciento sesenta y ocho músculos coordinados en el movimiento (treinta y cuatro en la cara y ciento treinta y cuatro posturales en el resto del cuerpo), además de toda una descarga hormonal y la correspondiente labor neuromuscular. Nada es sencillo, por mucho que lo parezca exteriormente.

Hay que recordar que, en general, para entender perfectamente una cita hay que tener en cuenta el contexto histórico en la que se enunció, y el sentido que le quería dar el autor, pues algunos incluso las trasmiten de forma irónica, queriendo postular lo contrario de lo que dicen sus palabras; tranquilo, en la presente obra no tendrás que preocuparte de esto, pues las máximas no darán lugar a error y sirven para todos los contextos, por eso serán eficaces con el tema del mencionado “oráculo personal”, además, como ya he indicado, serán de fácil interpretación.

 

Notarás que, en el presente volumen, como hago con todas mis obras, he incluido a lo largo de ésta una gran cantidad de notas a pie de página, en las que añado información adicional de gran interés, que amplía y facilita la comprensión del texto principal, pero que no está incluida en éste pues interrumpiría su desarrollo fluido y, por ello, lo consigno en la parte inferior de la página.

 

No quiero terminar este prefacio sin recomendar al lector que lea la presente obra, que lo haga lenta, tranquila y metódicamente, pues de esta forma conseguirá extraer el mayor provecho de su contenido; en cambio, si la leyera rápidamente y de corrido, perdería gran parte de sus enseñanzas y del mensaje incluido en cada una de ellas, ya que el texto precisa de un profundo análisis, reflexión y comprensión, para que sus consejos sean provechosos en el sendero de la vida.

Además, amable lector (permíteme llamarte así, pues es una forma de buscar una cierta complicidad contigo –como verás, no te oculto nada, no tengo ningún tipo de doblez o hipocresía-), quiero expresarte mi profundo agradecimiento por haber adquirido la presente obra, muchas gracias, pues el autor vive de la obra creada, primero con el proceso de creación, y después con el convencimiento de que su trabajo es valorado por otros, pero si sus escritos no son leídos la ilusión muere y el autor desaparece; por otra parte, si su trabajo es valorado en su justa medida, aunque el autor fallezca su recuerdo perdurará por siempre, siendo esta una forma de perpetuarse en la eternidad.

 

 

F. Javier Hernández.

(Madrid, 2021).

 

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[1].-   En realidad, en artes marciales no existen “secretos”, solo existe conocimiento y desconocimiento. El término “secreto” puede aludir a aquello que está oculto, aquello que es desconocido por la mayoría de las personas, exceptuando aquellas que comparten lo que es ignorado, pero, como digo, en artes marciales no existen los llamados “secretos” cuando existe la posibilidad de que todo el mundo pueda aprender algo que, aunque sea desconocido por la mayoría de la población, no está oculto o escondido a propósito, sino que está disponible y accesible a toda aquella persona que esté interesada y se esfuerce por aprender.

[2].-   Te recomiendo leer mi obra: “El Pensamiento Oriental”, en la cual podrás conocer estas doctrinas y otras muchas más (tanto nacidas en China como en la India, el Tíbet, Japón…), de esta forma podrás conocer y aprender otra forma de pensar y un verdadero Camino de Vida.

[3].-   Lo cual demuestra mi compromiso por la actividad que desarrollo, y la voluntad y actitud que tengo para enfrentarme a la adversidad. 

[4].-   El reservorio es un dispositivo que se implanta bajo la piel con el fin de lograr una correcta administración del tratamiento con quimioterapia. Se realiza a través de un catéter que se introduce en una vena de amplio calibre, en mi caso en la vena cava superior, situada en la parte superior del tórax. Después de implantado, el tratamiento con quimioterapia es más eficaz, en el sentido de clavar la aguja en el reservorio, después de atravesar la piel superior que lo aloja, de esta forma se deterioran menos las venas tras las diferentes punciones con agujas de gran calibre.

[5].-   La colostomía es un procedimiento quirúrgico que se realiza en algunos casos tras ser extirpado una porción de colon, la cual consiste en realizar un seudo-ano artificial con salida en la pared abdominal. A través de este orificio practicado, llamado estoma, se expulsan las heces al exterior, que son recogidas en una bolsa que se adhiere a la citada pared abdominal, la cual hay que limpiar regularmente o, mejor, retirar y desechar colocando una nueva bolsa en su lugar. Aunque es un procedimiento relativamente sencillo de practicar es bastante dificultoso de revertir, pues ello implica una eficaz reconstrucción del colon para que cumpla su función con eficacia, lo cual puede ocurrir en un año, dos o jamás, quedando perenne el proceso debido a una dificultad de “empalme” de las dos secciones del colon; tras la reconstrucción del intestino se cierra la estoma y el paciente puede continuar con su vida habitual sin grandes precauciones. Mientras que el paciente tiene practicada la colostomía debe hacer una cuidadosa vida para evitar infecciones (pues un extremo del colon está en contacto con el aire exterior), mantener la perfecta higiene de la zona y tener precaución al realizar ciertos movimientos corpóreos para que la bolsa adherida no se desprenda, con la consiguiente suciedad y mal olor que provocan los desechos corporales, sobre todo cuando la parte extirpada de colon se encuentra en su parte transversa, con lo que las heces no están apelmazadas sino sueltas y, en ocasiones, líquidas (lo sé por experiencia).

[6].-   Nota del editor: El cariñoso apelativo de “pequeño saltamontes”, alude al afectuoso calificativo con el que el maestro Po denomina al su discípulo (Kwai Chang Caine) en la serie televisiva de los Ochenta del siglo pasado: “Kung Fu”. Al usar el autor este nombre para referirse a su lector subjetivo e individual, lo que hace es crear lazos de amistad y afecto entre maestro y discípulo (en este caso autor y lector).

[7].-   Para poder chupar un chupete se necesita un conjunto de músculos que permitan movilizar consciente, ligera y temporalmente el hueso maxilar inferior, realizando los siguientes pasos: bajar, protruir (esto es, mover hacia delante), elevar y retruir la mandíbula (esto es, retraerla hacia atrás). Como puedes ver, no consiste solo en el hecho de succionar; por ello se precisa de una gran cantidad de músculos para poder realizar las distintas acciones, entre ellos: los buccinadores, los pterigoideos externos e internos, los maseteros, los digástricos, los temporales, los suprahioideos (divididos en: los genihioideos, los estilohioideos y los milohioideos), los periorbiculares, y los orbiculares de los labios, además del uso de la lengua como elemento de contención externa, y una correcta y eficaz respiración y deglución.

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