sábado, 4 de julio de 2026

EXTRACTOS DEL LIBRO: "Relatos Didácticos Orientales para toda la familia".

 En su prefacio podemos leer, como presentación al libro:

El título de la presente obra: “Relatos Didácticos Orientales para toda la familia”, pareciera que es muy claro en su concepción, pero creo que, si te detienes a pensarlo, amable lector, no lo es tanto, pues ¿qué entendemos por “oriental”?

Si analizamos la palabra en términos geográficos parece claro para los europeos, Oriente es la zona que está hacia la salida del Sol, pero, en ese caso, Occidente sería la zona que está hacia el ocaso, ¿y donde dejaría eso a Europa? ¿en una tierra de nadie? Por otro lado, hay que ver que para los chinos Oriente sería Oceanía, e incluso el vasto continente americano, pues está en la zona más allá de donde surge el Sol, es más, para los habitantes americanos Oriente sería Europa, pues estamos en un planeta esférico (como todos los conocidos).

Viendo esto, sería un problema semántico el hablar de Oriente u Occidente, pero como nuestra cultura considera (falsamente) a Europa como la cuna del centro de la civilización mundial, afirmamos que Oriente está en el continente asiático y el resto es considerado como Occidente. Habrás detectado que he indicado que considerar a Europa como el centro de la civilización es una falacia, y esto se demuestra fácilmente: cuando Europa aún estaba en la Edad de Piedra los chinos ya estaban en la Edad de los Metales, y mientras en Europa comenzaban a iniciarse los rudimentos de la escritura (en realidad en Mesopotamia, que se considera, curiosamente, Oriente Próximo), los chinos ya llevaban varios siglos escribiendo sus enseñanzas en grandes volúmenes fabricados con tiras de bambú (y eso sin mencionar que la primera civilización en imprimir libros fue la china).



Además de todo lo dicho, si analizamos fríamente la historia de la literatura, podemos ver que dos personajes: Séneca, al que se le considera un claro exponente de la literatura occidental, al ser un súbdito del Imperio Romano, y Averroes, al que se le considera como perteneciente a la literatura oriental, más concretamente al Califato cordobés, nacieron en la misma ciudad, Córdoba, con algunos siglos de diferencia, demostrando que Oriente y Occidente se deberían medir según la cultura no por su lugar geográfico, al menos cuando hablamos de literatura o pensamiento. La gran diferencia, según esto, consistiría que en la cultura oriental lo importante es el pensamiento y la espiritualidad, mientras que en Occidente lo es la materia y los adelantos técnicos, aunque en la antigüedad estos últimos surgieran en Oriente, por eso se dice que la Antigua Grecia pertenece en cierto sentido a la cultura oriental, aunque geográficamente estuviera en Occidente, no en vano la ética nació casi al mismo tiempo en la Antigua Grecia y en territorio chino.

Por todo lo dicho, si antes hubiera usado el término “asiático” en vez de “oriental”, también estaría cometiendo un grave error, pues dentro de la cultura oriental está comprendida también la nacida en el Al-Ándalus del medievo español o la surgida en la península arábiga. Por ello, prefiero usar el amplio término: “Oriente”, al referirme a la colección de relatos aquí incluidos.

Una vez aclarado esto, presentaré la obra como si no lo hubiera hecho…

 

El volumen que tienes en tus manos, amable lector, contiene una selección de relatos cortos de mi autoría, inspirados por fábulas y leyendas que leí o escuché hace mucho tiempo, y que, en su mayoría, he ido contando a mis alumnos y discípulos de Artes Marciales y de Vida, cuando impartía clase regularmente, y quería trasmitirles algún mensaje didáctico o moral; para la presente edición los he escrito (o reescrito, en el caso de aquellos que ya habían sido publicados con anterioridad) basándome en mis recuerdos y adornándolos con mi imaginación, por lo que todos estos relatos son de mi autoría, aunque estén basados en otros antiguos de distinta producción, en su mayoría realizados por autores anónimos.

 

La presente recopilación está compuesta de treinta y cinco relatos que pertenecen todos ellos a la categoría de apólogos, esto es, cuentos o relatos didácticos, siendo narraciones que proporcionan y trasmiten enseñanzas con los consejos y valores morales que quería trasmitir a mis alumnos y discípulos, y que tú, amable lector, seguramente agradecerás, tanto por su belleza y entretenimiento como por las enseñanzas que trasmiten. Para aclarar qué tipo de relatos encontrarás en la presente obra, he incluido, tras este “Prefacio”, una “Introducción”, en la cual los presento y analizo.

Notarás que muchos de los relatos incluidos incluyen moralejas y mensajes moralizantes (y en el caso que no lo hagan expresamente, se pueden deducir con facilidad), intentando que el lector aprenda con ellos los sólidos valores morales que siempre he trasladado (y continúo haciendo) a mis alumnos y discípulos, para que lleguen a convertirse en mejores personas, en verdaderos ejemplos a seguir por los demás. Comprobarás que muchas de estas narraciones tienen un único y claro mensaje, mientras que de otras se pueden extraer varias enseñanzas, dependiendo de la perspectiva desde la que se observen y analicen. Resaltando que entre las primeras podemos encontrar, por ejemplo: el mensaje del respeto y de no dejarse engañar por las apariencias (en “No hay enemigo pequeño”), la lucha contra la violencia y el descontrol anímico (en “Los clavos en la puerta“), la ética y la autocrítica (en “La persistencia del pecado”), el poder de la sensatez (en “El sentido común”), la autoconfianza (en “El valor del anillo“), la constancia (en “La piedra de jade”), la inutilidad de los juicios de valor anticipados que ofuscan la mente (en “El guerrero invencible”), la compasión (en “El helecho y el bambú”), y un largo etcétera.

Comprobarás que alguno de los relatos, aunque todos sean cortos, son de una gran brevedad, casi como si se tratara de anécdotas, pero esta era una forma literaria muy común en la antigüedad, sobre todo en China (dentro de lo que llamaban ku wen -guwen, en pinyin- o “texto antiguo”), para educar a las gentes más humildes, las cuales no solían centrar la atención más que unos pocos minutos, por lo que si la narración fuera muy larga habrían perdido el hilo de esta y el interés por seguir escuchando; hay que tener en cuenta que la manera habitual de comunicación de estos relatos era la oral, y solía consistir en un maestro que se colocaba ante varios alumnos con el fin de educarles, al trasladarles ideas moralizantes a través de atractivas historias que atrajeran su atención, aunque solo fuera por unos instantes (como hacía Jesucristo con sus parábolas), también era muy común encontrar a narradores itinerantes, que usaban este sistema, los cuales recibían alguna moneda (o alimento) tras divertir a las buenas gentes que se acercaban a escucharles.

Al concluir cada uno de los relatos incluiré una serie de comentarios, que indicarán como se gestaron, la intención que tuve al escribirlos y otras observaciones que pudieran interesar al lector, incluyendo si han sido publicados con anterioridad y dónde (incluso algunos de ellos han formado parte de otros relatos publicados, o los han inspirado), o son inéditos, hayan sido escritos para la presente edición o no (lógicamente, aquellos relatos que han sido escritos expresamente para ser incluidos en esta antología, son relatos inéditos, y por ello, no hará falta que lo indique). Además, en dichos comentarios incorporaré información histórica y literaria sobre las historias originales que dieron como resultado las presentes narraciones, teniendo en cuenta que, aunque muchos de estos relatos incluyan datos históricos reales, no dejan de ser ficción, por lo que los hechos descritos, con seguridad, no ocurrieron exactamente de la forma descrita.

He de aclarar además que, aunque el título de esta obra sea “Relatos Didácticos Orientales para toda la familia”, no encontrarás ningún relato de origen japonés, pero eso tiene una razón muy sencilla, aquellos que he escrito basándome en antiguas historias de esta nacionalidad los he recopilado en otra obra (“Relatos Didácticos Japoneses para toda la familia”), la cual espero que también leas, si te gusta esta que tienes en tus manos.

 

Antes de terminar este “Prefacio”, me gustaría indicar que los nombres y términos que aparecen en chino los escribo con transcripción fonética castellana[1], aunque en algunos casos indico también, entre paréntesis, su moderna transcripción oficial china, esto es, incluiré su versión pinyin, algo que indicaré cuando lo haga.

 

Ya solo me queda, amable lector, agradecerte el haber adquirido esta obra, apoyando con su lectura el pobre talento de este humilde autor, muchas gracias.

 

 

F. Javier Hernández.

(Madrid, 2022).

 



[1].-   Esto es, lo escribiré tal y como se pronuncia en español. Por ejemplo: “dragón” en pinyin se escribe “lóng”, y la transcripción que yo usaría sería “lung”, en lugar de la transcripción Wade-Giles, que es el método británico de romanización del chino que suele ser usado en todos los países de lengua inglesa, los cuales escriben, en este caso, “loong”, aunque en todos los idiomas se pronuncie (aproximadamente) como “lung”.


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