En su prefacio podemos leer, como presentación al libro:
Por desgracia, en general, y a pesar de su gran
importancia, existe un enorme desconocimiento de la cultura oriental por parte
del mundo occidental, no solo de estos estudiantes de artes marciales y
deportes de combate a los que me he referido anteriormente, sino también por
gran parte de la colectividad occidental. Esto hay que atribuirlo a la
arrogancia de la cultura occidental que menosprecia todo aquello que no sean
sus logros, olvidando (o borrando interesadamente de sus mentes) que en
realidad los exitosos resultados obtenidos y sus descubrimientos e inventos no
habrían sido posibles sin la ayuda de otras civilizaciones y culturas
precedentes en el tiempo, en las cuales basaron los fundamentos de sus
conocimientos. Como siempre indico: es lamentable que la población occidental
carezca de una instrucción que le aportaría otra perspectiva del mundo y, por
tanto, sabiduría, al conocer, entender y asimilar otra concepción metafísica de
la vida, y otra forma de percibir y desarrollar los valores morales que
deberían regir en nuestra ética diaria, regulando nuestro comportamiento con la
naturaleza y con nuestros congéneres.
En el caso de los practicantes de artes marciales, el desconocimiento de los principios y fundamentos en los que se asienta la cultura que originó el arte marcial que aprenden y entrenan con tanto empeño e ilusión, es deplorable, pero no hay que perturbarse, pues esto puede enmendarse sin demasiado esfuerzo, ya que existen numerosas publicaciones de las cuales extraer los conocimientos de los que carecen. Si bien puede parecer un tremendo esfuerzo el leer y asimilar todas estas obras, el enriquecimiento intelectual que puede aportar es tremendo, el cual, al dotar de nuevas perspectivas que no se sabía que existieran y de nuevos conocimientos, harán evolucionar mentalmente al lector, convirtiéndole en una persona culta, algo que no abunda en la sociedad actual.
Debo reconocer que la concepción de la presente obra: “El Pensamiento Oriental”, no es algo nuevo, desde hace muchos años vengo publicando artículos monográficos de divulgación cultural oriental, sobre todo en revistas especializadas en artes marciales y deportes de combate, aunque también los haya incluido en varias revistas literarias y culturales. El primer reportaje de estas características fue uno sobre taoísmo, titulado: “Introducción al estudio del Tao”, que fue publicado en el número 74 de la revista española de artes marciales “El Budoka”, y apareció en los quioscos de prensa en el mes de junio de 1980, aunque mi espíritu divulgador ya comenzó con la monografía: “El Tao Te Ching como expresión del Derecho Natural” realizada en el mes de junio de 1978, que sirvió como trabajo académico cuando estudiaba la carrera de Derecho en la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense de Madrid[1].
En el presente volumen conocerás parte del Pensamiento Oriental y sus enseñanzas, para que la sabiduría[2] de los grandes pensadores nos ayude en nuestra vida cotidiana. Oriente, formado por interesantes culturas milenarias, que a lo largo de la historia ha enseñado e influido en otras muchas civilizaciones, con la llegada de este mundo global que hoy día tenemos ha logrado traspasar sus límites territoriales, llegando su indudable influencia al resto del orbe, enseñando a los pretenciosos europeos que el saber no queda supeditado a sus fronteras, sino que también viene de muy lejos, de las antípodas, y que en realidad siempre ha influido en sus logros, no solo en el ámbito intelectual sino también en física, arquitectura, medicina, etcétera.
No en vano, por ejemplo, China ha sido precursora de enormes avances técnicos, teóricos y prácticos que han sido después aprovechados en Occidente, ya que, las ideas, por muy innovadoras y revolucionarias que en un momento dado parecieran en Europa, en China ya estaban arraigadas y eran de uso común, lo único que hicieron los europeos fue añadir su particular enfoque a unos conocimientos acumulados durante milenios, y los “descubrimientos” fueron apropiados por Occidente aunque provinieran de otra civilización. Como muestra, solo hay que ver la afirmación por parte de Occidente que la primera imprenta de usos o caracteres móviles se gestó por Johannes Gutenberg, a mediados del siglo XV, cuando la verdad[3] histórica nos enseña que el primer libro impreso de esta forma es el llamado “Sutra del Diamante”, creado en el año 868, durante la Dinastía Tang, casi seiscientos años antes, pues en China ya se usaba este método de impresión desde que la inventara un alquimista llamado Pi Sheng, el cual empezó a imprimir los libros tal y como son conocidos desde entonces.
Solo hay que pensar en lo que afirmó en cierta ocasión Francis Bacon[4]: los cuatro inventos más importantes, que facilitaron en Occidente la transición de la Edad Media al mundo moderno y actual, fueron “la pólvora, la brújula magnética, el papel y la impresión”, todos ellos avances gestados en China y, por tanto, en Oriente.
Y esto solo hablando de avances tecnológicos, si hablamos de filosofía, Occidente debe a Oriente gran parte de su pensamiento. Desde mediados de la Edad Moderna (seguramente a partir de los primeros años del siglo XVII), los filósofos e intelectuales europeos comenzaron a reconocer el valor y la importancia del pensamiento oriental (sobre todo del chino), siendo uno de los primeros valedores de la filosofía oriental el filósofo, jurista, matemático y político alemán Gottfried Leibniz (1646-1716). A partir de él fueron muchos los filósofos que miraron hacia Oriente con la finalidad de encontrar frescas ideas que nutrieran sus intelectos (frescas para ellos y antiguas para los orientales); por ejemplo: Georg Wilhelm Friedrich Hegel[5] desarrolló el concepto de que el incremento de poder acaba por declinar y dar paso a otra forma de dominio representada por su contraparte en continuo ciclo que se repite indefinidamente, lo cual es una clara referencia a la dualidad Yin/Yang.
Y no solo Hegel, tanto Thomas Malthus[6] como Adam Smitth[7] coinciden en los términos de Confucio y Mencio en el sentido de preservar el poder jerárquico de las clases sociales altas sobre las clases sociales más bajas, a las cuales se les considera auto-ingobernables por sí mismas. Al contrario que Kart Marx[8] y Mijail Bakunin[9] que desarrollaron la argumentación de que la autogestión del pueblo debería ser lo ideal en la sociedad, tal y como propugnaban tanto Lao-Tse como Chuang Tse, que afirmaban que el modelo de sociedad no debía tener un gobernante privilegiado que oprimiera al pueblo, sino que este debería regularse por sí mismo, lo cual también llevó a Pierre-Joseph Proudhon[10] a considerar el pensamiento taoísta de acabar con el poder jerárquico y sustituirlo por una nación sin clases sociales tan solo con gestores que organizaran sabiamente sus recursos. En este sentido, hay un claro enfrentamiento, como sucedería siglos después, entre las ideas taoístas y budistas, que se inspirarían en ellas las doctrinas marxista y anarquista, y las ideas confucianas, a las que se acercan más tanto el monarquismo absolutista como el capitalismo. Incluso el filósofo alemán Immanuel Kant (1724-1804), considerado como uno de los más grandes pensadores europeos que influyeron para fundar la filosofía contemporánea, alababa la filosofía y la forma de pensar china como fuente del saber, a mediados del siglo XVIII.
Por desgracia, en Occidente, se suele menospreciar el Pensamiento Oriental, y la razón tal vez haya que encontrarla en la tardía aparición de libros alrededor del tema en esta parte geográfica; solo basta decir que no fue hasta los siglos XVI y XVII que se comenzó a conocer la filosofía oriental en Europa, comenzando por Confucio, y tan solo en una parte de Europa, en sus círculos más eruditos y académicos. O, tal vez, este menosprecio sea debido al egocentrismo de Occidente, con el que los gobernantes de los países europeos iniciaron un verdadero expolio de las riquezas del resto de las civilizaciones de otras partes del mundo, incluso la mayoría de los filósofos morales y economistas de la Europa Ilustrada aprobaron este expolio colonizador de Europa sobre otras partes del mundo; solo hay que ver un importante hecho: en los museos del Reino Unido hay más obras de arte egipcio y griego (por ejemplo) que en el propio Egipto y Grecia.
Habrá quien diga que la antigua filosofía oriental no ha llegado a Europa sino en fechas muy recientes, pero el que así lo afirme seguro que desconoce que, por ejemplo: la primera traducción al español de las obras de Confucio fue en 1590, siendo realizada por el misionero jesuita italiano Michele Ruggieri (1543-1607) y plasmada en su obra: “La filosofía moral de Confucio”, dando como resultado la primera obra occidental que tendió puentes filosóficos y culturales entre los dos hemisferios mundiales. Además…
La obra de Mencio fue traducida y publicada por vez primera en 1711, por el misionero jesuita flamenco François Noel (1651-1729). Estas traducciones fueron estudiadas por otro intelectual de nombre curiosamente similar, el político y revolucionario francés François-Noël Babeuf (1760-1797), el cual, inspirándose en estas, desarrolló toda una teoría política que, posteriormente, fue muy bien acogida por los primeros marxistas, al incluir en sus páginas un germen de la política agraria comunitaria y coparticipe que fue uno de los baluartes del comunismo rural.
El “Tao Te Ching”, de Lao-Tse, fue traducido al inglés por vez primera en 1868 por el misionero protestante escocés John Chalmers (1825-1899), en su obra: “Las especulaciones sobre la Metafísica, la política y la moral del viejo filósofo Lau-Tse”, aunque desde quince años antes ya había publicado obras sobre China y su cultura.
El Budismo ya se empezó a conocer con seriedad en Occidente en el siglo XIX, solo hay que recordar el libro publicado en 1879: “The Light of Asia. The Great Renunciation” (editado en España con el nombre: “La Luz de Asia: vida y enseñanzas de Gautama, príncipe indio y fundador del Budismo”), escrito por el periodista inglés Sir Edwin Arnold (1832-1904). A partir de estas fechas los eruditos occidentales encontraron en la escuela budista theravada[11] una corriente de pensamiento analítico y racional a pesar de la antigüedad de sus propuestas, desechando los aspectos emocionales de la naturaleza humana que eran estudiados en la corriente mahayana del Budismo.
Como estos son temas un poco complicados de explicar en pocas líneas, lo haré a lo largo de la obra, intentando hacer un desarrollo lo más lógico y cronológico posible, pues de esta forma podrá verse como se iban desarrollando las ideas y los pensamientos desde su concepción. Creo que de esta forma se entenderá mejor todo ello. De todas formas, no podré profundizar todo lo que quisiera en todos los temas que aborda esta obra, ya que son tan extensos y complejos que llenan cientos de estantes plenos de gruesos volúmenes en las más nutridas bibliotecas, lo si puedo hacer es un sincero acercamiento que introduzca al lector en tan interesante temática.
Además de hacer un estudio de las diferentes formas que adopta el Pensamiento Oriental, deteniéndome sobre todo en autores chinos, japoneses e hindúes pero sin desdeñar a otros de distinta nacionalidad, me extenderé además con ciertos autores de vital importancia para comprender la evolución del citado pensamiento y sus enseñanzas, añadiendo en su momento varias citas de cada uno de ellos, para que la sabiduría de los grandes pensadores nos ayude en nuestra vida cotidiana, incluso, tras algunas de estas citas, añadiré algunos comentarios que clarifiquen la oscuridad de algunas de sus propuestas. Lógicamente, las citas, máximas, aforismos, sentencias, etcétera, aparecerán escritos en el texto mediante cursiva y entrecomillado para su fácil localización y estudio, los cuales desearía que los leyeras con detenimiento, para que después puedas reflexionar tranquilamente sobre ellos, y descubrir la belleza y conocimiento que encierran.
Incluyo a lo largo de la obra una gran cantidad de notas a pie de página, en las que verás, amable lector, que introduzco interesantes datos adicionales que amplían y facilitan la comprensión del texto principal, pero que no están redactados en éste, pues de hacerlo interrumpiría su fluido desarrollo, es por ello lo coloco en la parte inferior de la página. También, dadas las características de la presente obra, verás que he incluido diversos textos traducidos de las diferentes obras de los personajes analizados, los cuales podrás reconocer fácilmente ya que estarán escritos con letra cursiva y entrecomillados; de igual manera he procedido con las traducciones de nombres propios y geográficos (por ejemplo: la traducción de Corea con su nombre arcaico: “Chosën”, aparecerá como: “País de la Mañana Apacible”, de esta forma podrás comprobar la literalidad de la traducción o la versión más comprensible y extendida). Lógicamente, también aparecerán con letra cursiva los nombres originales expresados en su idioma autóctono.
Aprovecho este momento para indicar que los términos chinos que podrán leerse en el presente volumen los escribiré en letra cursiva con transcripción fonética, esto es, tal y como aproximadamente los pronunciamos en castellano; la razón de la conveniencia de hacerlo de esta forma es sencilla, como seguramente desconocerás las reglas gramaticales del pinyin[12] moderno, si escribiera los diferentes nombres chinos con este sistema de transcripción nombrarías de forma inadecuada los términos redactados, y confundirías muchos de ellos. Te pondré un ejemplo: si te encontraras en el texto el término pinyin “Taijiquan”, al desconocer sus reglas gramaticales no te darías cuenta de que me estoy refiriendo al conocido Tai Chi Ch’uan; por ello, normalmente, escribiré los términos chinos con transcripción fonética en castellano en vez de hacerlo en pinyin, aunque, por si algún lector si conociera lo suficiente de la lengua china y su actual transcripción oficial, también indicaré entre paréntesis la transcripción pinyin (con letra cursiva) además de la pronunciación figurada. Lo que hago es como si escribiera “Shecspir“ en lugar de “Shakespeare”, que es como se escribe en inglés, pero como en este caso si conocemos las reglas gramaticales inglesas podemos escribir tranquilamente Shakespeare que todo el mundo lo entiende, aunque lo pronunciemos como “Shecspir”, sin embargo, escribirlo de esa forma podría ayudar a los no versados en la lengua inglesa, que no es el caso. Haré una puntualización: cuando la transcripción pinyin sea similar a la fonética solo indicaré en el texto esta última, pues no hace falta que me repita, por lo que, ante un término en chino en el que no indique su correspondencia en transcripción pinyin, deberás imaginar que se escribe igual que fonéticamente.
Los términos en otros idiomas (además del chino), también los escribiré con letra cursiva, lo que no escribiré en esta tipología de letra será los nombres propios chinos (ni de otra nacionalidad), los cuales verás escritos con letra estándar.
No quiero terminar este prefacio sin aclarar que la presente obra no tiene como propósito decirte como debes pensar, sino que su función principal, además de informar sobre la mayor parte del pensamiento nacido o llegado a Extremo Oriente, es la de plantear cuestiones que te hagan reflexionar, por ello te recomiendo, amable lector, que leas tranquila, lenta, sosegada y metódicamente lo incluido en este volumen, ya que de esta forma es seguro que podrás aprovechar su contenido mucho más y mejor, ya que es una obra que precisa de análisis, comprensión y reflexión, para que gran parte de lo incluido te sea útil en la cotidianidad, en la relación con tus semejantes, y en la resolución de las dificultades, conflictos y complicaciones que nos plantea el devenir diario.
Finalmente, he de advertir que hay personas que se quedan bloqueadas cuando deben enfrentarse a algo nuevo, sobre todo si son nuevas ideas, cuando lo ideal es ser más abiertos a lo novedoso y, tras analizarlo, desecharlo o rechazar en su lugar las ideas preconcebidas, siendo librepensadores que no se dejen influir por las más vehementes proclamas sin antes examinar bien su mensaje, y después emitir un reflexivo veredicto aprobatorio o reprobatorio; como dijo Lao-tse: “las palabras bonitas suelen encerrar grandes mentiras”. El haber adquirido esta obra demuestra que eres una de esas personas con mente abierta y con ganas de aprender aquello que desconocen o, al menos, ampliar datos que ya conocen, por ello, me gustaría agradecerte el haberla adquirido, esperando que te guste lo suficiente como para que te anime a investigar más intensamente alguno de los temas que verás mostrados y analizados, pues ello demostraría que sus páginas han estimulado el sano interés intelectual que busco al redactar su texto.
F. Javier Hernández (Madrid, 2021).
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[1].- Dicha
monografía fue la semilla de mi obra, ya publicada: “Derecho Natural en el Tao Te Ching”, un extenso libro que analiza
la obra cumbre del Taoísmo y su influencia en el Derecho Natural, además de
hacer un estudio de los cuatro mil años del Derecho Procesal chino.
[2].- Como
indicó la profesora de arte clásico Sorcha Carey: “No hay que confundir nunca el conocimiento con la sabiduría. El primero
nos sirve para ganarnos la vida; la sabiduría nos ayuda a vivir”, pues
aquel que tiene conocimiento sin sabiduría es, en el mejor de los casos, un
necio ilustrado, ya que, mientras el conocimiento surge del estudio, la
sabiduría surge de la experiencia vital, por ello, el conocimiento no da por sí
mismo la sabiduría aunque la prepare, al ser la experiencia la que la forja; es
la vida, y sus vivencias, las que te dan la sabiduría para vivir como debes, o
de lo contrario mal vives; de ahí viene la conocida frase: “Sabe más el diablo por viejo que por diablo”,
pues, como diría un matemático: la sabiduría es igual a experiencia y
conocimiento es igual a aprendizaje. Por todo ello, te recomiendo que apoyes tu
sabiduría en la de otros a través del estudio, pues ello te aportará una mayor
sabiduría al comprender como han resuelto otros los problemas de su propia vida
y como han desarrollado su experiencia; esta es una de las razones de este libro.
[3] .- Como
dice uno de mis discípulos, Álvaro Escobar: “La verdad pesa más que la mentira, y se va al fondo, por eso, el que
solo mira la superficie, verá la mentira flotar; aquel que quiera conocer la
verdad debe buscar en el precipitado que hay debajo y encontrarla brillar”.
Por eso, para hallar la verdad hay que investigar mucho y profundizar en la
historia.
[4].- Francis
Bacon (1561-1626) fue un célebre filósofo, político, abogado y escritor
británico al que se le considera padre del empirismo filosófico y científico.
[5].- Friedrich
Hegel (1770-1831) fue un filósofo alemán
fundador de un sistema filosófico comúnmente conocido como “Hegelianismo”, que
indica, entre otras muchas cosas, que para que un individuo sea capaz de
comprender su objetivo específico en la vida debe existir un sentido superior,
esto es, una identidad de pensamiento personificado en un idealismo filosófico,
en las que las premisas de libertad, igualdad y fraternidad de la Revolución
Francesa, serían unos excelentes ejemplos de idealismo social y político.
[6] .- Thomas
Malthus (1766-1834) fue un erudito británico creador de una teoría demográfica,
económica y sociopolítica, que posteriormente sería denominada “Maltusianismo”
en su honor, que indica que el crecimiento de la población aumenta en
progresión geométrica mientras que el crecimiento de los recursos solo puede
hacerlo de forma aritmética, por ello el Estado debería intervenir en la
ecuación, con el fin de equilibrar ambos crecimientos en la búsqueda de una
mejor sociedad, con recursos mejor distribuidos y en tal cantidad que cubra las
necesidades poblacionales, algo que indicó en 1798, en su libro: “Ensayo sobre el principio de la población”.
[7].- Adam
Smith (1723-1790) fue un economista y filósofo escocés que lanzó la hipótesis
de la “Teoría de la Ventaja Absoluta”, en la cual se plantea la interacción
entre el comercio y el crecimiento económico, por lo que los bienes deberían
producirse en aquellos países en los que
fuera más bajo su coste de producción para después exportarlo al resto
del mundo, creando las bases del comercio internacional libre y sin aranceles,
con el fin de potenciar el crecimiento económico mundial, favoreciendo de esta
forma la movilidad internacional de la producción. Todo ello lo plasmó en su
obra de 1776: “La riqueza de las naciones”.
[8].- Karl
Heinrich Marx (1818-1883) fue un economista, sociólogo y filósofo alemán que,
junto al filósofo y sociólogo alemán Friedrich Engels (1820-1895), es
considerado como padre del socialismo científico y del comunismo moderno, danto
lugar a la doctrina marxista, encerrada sobre todo en sus escritos: “El Capital” y el “Manifiesto del Partido Comunista”, este último coescrito junto con
el citado Engels, ambos publicados a mediados del siglo XIX.
[9].- Mijail
Aleksándrovich Bakunin (1814-1876) fue un filósofo ruso que está considerado
como uno de los padres del anarquismo. Su obra: “Estatismo y anarquía”, publicada en 1873, está considerada como su
mayor trabajo intelectual.
[10].- Pierre-Joseph
Prodhon (1809-1865) fue un filósofo, político y revolucionario francés, que
junto al ruso Bakunin y al italiano Errico Malatesta (1853-1932) está
considerado como uno de los padres ideólogos del movimiento anarquista,
desarrollando su trabajo intelectual a mediados del siglo XIX.
[11].- Las
escuelas más importantes del Budismo son: la mahayana, la vjarayana y
la theravada, cada una de ellas,
aunque surgidas de un tronco común, difieren en muchísimos de sus postulados,
tal y como se verá en la presente obra, en su capítulo 11, dedicado a: “El Budismo”.
[12].- Pinyin es el sistema de transcripción
fonética del chino mandarín desarrollado por Chou Yu-kuang a mediados del siglo
XX, que está reconocido por la República Popular China desde 1958 con el nombre
de “hànyû pinyin”, literalmente “deletreo de los sonidos de la lengua del
grupo cultural de los Han”, aunque es conocido por el simplificado “pinyin”. Chou Yu-kuang (Zhou Youguang,
en pinyin / 1906-2017) fue un lingüista chino que tuvo el encargo expreso por
el gobierno chino de desarrollar un sistema de romanización del chino mandarín.
Con este sistema se transcribe fonéticamente el mandarín oficial en caracteres
latinos y, aunque no es un sistema perfecto, es lo mejor que se puede hacer
dada la dificultad para expresar la correcta pronunciación china en caracteres
comprensibles por alguien no chino (o que no conozca su escritura conceptual
realizada con sus ideogramas tradicionales).

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