En su prefacio podemos leer, como presentación al libro:
Como suelo indicar en
muchos de mis escritos, existe, a pesar de su importancia, un gran
desconocimiento de la cultura oriental por parte del mundo occidental. Esto es
algo que hay que achacar a la negligencia y a la prepotencia de la cultura
occidental que pasa por alto todo aquello que no sean sus logros y
descubrimientos, olvidando que en realidad estos no habrían sido posibles sin
las enseñanzas de otras culturas precedentes, en las que basaron y asentaron
sus conocimientos los eruditos occidentales. Incluso cuando Occidente descubre
que un invento o descubrimiento ha sido realizado anteriormente en Oriente, por
primera vez en la historia, a veces muchos siglos antes (como es el caso de la
imprenta que será expuesto en el primer capítulo de esta obra), Occidente no
admite el hecho y queda obviado en los libros de Historia.
Es verdad que existen
personas que si han estudiado y estudian con neutralidad las enseñanzas que
provienen de Oriente, y las valoran en su justa medida, pero, en general, lo
que he indicado creo que es muy acertado, y eso que tenemos bibliotecas
públicas conteniendo multitud de obras orientales esperando ser leídas.
Recuerdo que en noviembre de 1977 realicé una encuesta privada para examinar el
conocimiento que tenía el español medio sobre la filosofía china y otros
aspectos de su cultura y, la verdad, los resultados fueron bastante
desalentadores.
En la citada encuesta, realizada a setenta y ocho personas de diferente escala social y académica y de todas las edades (aunque todos ellos mayores de edad), pude comprobar cómo, si bien la mayoría de los encuestados (el 77 %) tenía una buena opinión de China, casi la mitad no sabía si la cultura china había influido en Occidente del alguna forma y en algún momento, mientras que la otra mitad, aunque creía que sí lo había hecho, en realidad no sabía cuándo se había producido esa influencia y en qué medida, aunque la mayoría respondió, con ambigüedad: “siempre” (el 23 %) o “ahora” (el 15 %). Esto indicaba, a mi parecer, la poca curiosidad que tenían los encuestados por temas no occidentales (tan solo un 15 % afirmó que había leído algún a autor chino o algo de su cultura).
