En su prefacio podemos leer, como presentación al libro:
Siempre he repetido a mis alumnos y
discípulos un antiguo proverbio atribuido a Aristóteles, que dice: “Todo guerrero debe ser también un erudito
para que sea perfectamente consciente de su poder”. Creo que es una
enseñanza que debería ser asumida por cualquier artista marcial, sin importante
el arte que practique pues, aunque “el
saber no ocupe lugar” como dice el vetusto dicho, en el caso de los artistas
marciales debería ser una exigencia que no solo aprenda el aspecto técnico y
físico de su arte, sino que además debería conocer, al menos mínimamente, algo
de la cultura del país donde se generó el arte que practica pues, de esta
forma, comprenderá mejor de donde surgió aquello que tanto le apasiona y,
además, disfrutará de un conocimiento que le enriquecerá intelectualmente, algo
indispensable en cualquier persona pero más en un artista marcial, como ya he
indicado.
En general hay un gran desconocimiento de la
cultura oriental por parte del mundo occidental a pesar de su importancia, y
esto es algo que hay que achacar a la negligencia de la cultura occidental, que
ningunea todo aquello que no sean sus logros, olvidando que en realidad estos
no habrían sido posibles sin la ayuda de otras culturas anteriores en la que
basaron y asentaron sus conocimientos; si bien esto es lamentable en cualquier
persona, en el caso de un artista marcial que no conozca los principios en los
que se asienta la cultura que generó el arte marcial que practica es penoso,
pero no hay que asustarse ni escandalizarse, pues el desconocimiento es
subsanable, ya que existen innumerables obras, que llenan bibliotecas enteras,
para poder extraer los conocimientos de los que adolece y, aunque pueda parecer
un trabajo tremendo el leer todas estas obras, para algo está la obra que
tienes en tus manos, pues aquí encontrarás expuestos muchos temas culturales
que deberías conocer, sino en profundidad, al menos de forma somera.
Por ello, el propósito de esta obra no es
enumerar ciudades o recetas gastronómicas, ni siquiera indicar que templos o
monumentos son los que se deben visitar o que barrios conocer, pues es algo que
se lo dejo a los libros y guías de viaje, los cuales, además de enumerar datos
interesantes para los turistas, sirven como diversión y entretenimiento a
aquellos lectores que ni siquiera se les pasa por la cabeza la idea de viajar a
tan lejanas latitudes, no, el propósito de esta obra es muy distinto, pues está
escrita con la sana intención de que conozcas mejor un país tan importante
culturalmente como es China, explicando conceptos y analizando aspectos de su
cultura que sin duda te interesarán, algo que no verás en ninguna guía de
viajes (“lo que nadie te contó”, como
indica el subtítulo de la presente obra), aunque también estas deberían tratar
de ello si quieren informar adecuadamente al turista sobre interesantes
aspectos que, sin duda, debería conocer, para poder decir que realmente ha
conocido China no que, simplemente, ha ido a China.
En el presente volumen conocerás parte de
Oriente, China para ser más exactos, un país milenario que mucho ha enseñado e
influido en muchísimas civilizaciones, sobre todo del este y sudoeste asiático,
pero no solo en culturas de esta amplia zona geográfica, sino que también ha
influido en zonas tan alejadas como Filipinas… y en el resto del mundo.
Curiosamente China ha sido precursora de
grandes avances técnicos, teóricos y prácticos que han sido “olvidados” por
Occidente pues, como ya hicieron otras civilizaciones, se cree el ombligo del mundo, como dice el
popular término, esto es, Occidente cree que sus logros han sido
imprescindibles para el resto del mundo y que todo se ha fundamentado y creado
allí cuando esto no así, Occidente es muy importante, sobre todo en los últimos
siglos, pero su conocimiento básico, en los que se basan todos sus logros, provienen
de otras civilizaciones anteriores, como suele decirse, Occidente solo puede
ver más lejos pues está subido en los hombros de gigantes que fueron los genios
de otras civilizaciones anteriores que, con su talento, fundamentaron los
avances que actualmente disfrutamos..
Francis Bacon[1] afirmó en cierta ocasión que los cuatro
inventos más importantes que facilitaron en Occidente la transición de la Edad
Media al mundo moderno, fueron “la
pólvora, la brújula magnética, el papel y la impresión”, siendo todos ellos
inventos chinos, y no solo estos avances fueron gestados en China, hubo muchos
más que expondré en la presente obra[2], incluso en los últimos años se ha
descubierto la influencia china en la gestación de los primeros mapas que
cartografiaron el mundo a mediados del siglo XV, que fueron aprovechados por
marinos contemporáneos y posteriores para “descubrir” nuevas tierras y nuevas
rutas marítimas, incluso Colon usó las copias de algunos de estos mapas que
encontró en la biblioteca del rey portugués Enrique “el Navegante”, que usó
para su viaje para “descubrir América”. Tal vez la ignorancia de todos estos
logros sea debido a que China ha estado aislada del resto del mundo occidental,
a grandes rasgos: por el este por el Océano Pacífico, y por el norte por los
desiertos de Manchuria y Mongolia, por el noroeste por las altas cordilleras
del Himalaya, que se ramifican hacia el sur y el sudoeste.
Hace unos años, el bioquímico e historiador
británico experto en tecnología Joseph Needham[3] elaboró lo que se ha dado en llamar la “Neddham Question” (“la Gran Pregunta de Needham)”, el cual
inquirió: “¿Por qué China y la India han
sido superadas por occidente en ciencia y tecnología, a pesar de sus éxitos
anteriores?”. Es una interesante pregunta de difícil respuesta pues en la
antigüedad los chinos aventajaron ampliamente los logros occidentales gracias
al impacto del confucionismo y el taoísmo en la sociedad china, que aceleró el
desarrollo de la inventiva de la ciencia china debido a una simbiosis entre
ambas corrientes filosóficas y del saber humano, que logró que los conceptos
taoístas sentaran las bases científicas, y gracias al confucionismo los avances
se fueron difundiendo enormemente por toda China, debido al concepto
confucionista de la erudición y la recompensa a aquellos ciudadanos mejor
preparados intelectualmente, logrando una acumulación constante de logros
científicos a lo largo de toda la historia china, algo que fue superado por la
ciencia moderna occidental tras el Renacimiento, aunque jamás estuvo realmente
estancada, el problema fue que el gobierno dinástico controlaba severamente
todo avance científico con el fin de mantener su control, apropiándose de
cualquier nuevo descubrimiento para su uso exclusivo. En palabras de la
sinóloga[4] francesa Etienne Balazs: “el
ingenio y la inventiva de los chinos sin duda habrían enriquecido aún más a
China y probablemente la habrían llevado al umbral de la industria moderna, de
no haber sido por el asfixiante control estatal. Es el Estado el que mata el
progreso tecnológico de China”, esto es, las instituciones chinas
impidieron la adopción de una metodología basada en la experimentación, al
inhibir la creatividad intelectual, una verdadera pena.
China es un país geográficamente desmesurado;
con casi once millones de kilómetros cuadrados de extensión, tiene una
geografía llena de contrastes, con grandes ríos y llanuras, valles y mesetas,
desiertos y vergeles, catorce mil kilómetros de costa y enormes montañas, con
una climatología diversa al ocupar gran terreno por encima y por debajo del
ecuador, teniendo parte de su territorio en el hemisferio norte y otra en el
sur, y con ello, todo tipo clima y los más variados cultivos, con veintidós
provincias tan grandes como naciones europeas, a las que se le suman cuatro
urbes con jurisdicción centralizada, como si fueran un estado unitario dentro
de China (que son Pekín, Shanghai, Tianchin –Tianjin, en pinyin- y Chong Ching
–Chongqing, en pinyin-), a las que hay que sumar dos regiones administrativas
semi-autónomas (que son: Macao y Hong Kong) y con el Tibet como Región Autónoma
pero integrada políticamente; todo ello hace que sea prácticamente imposible
describirla geográficamente en una sola obra. Además, hay que tener en cuenta
que integra dentro de sus fronteras a más de mil quinientos millones de
personas integradas en cincuenta y seis etnias distintas, cada una de ellas con
su idiosincrasia, esto es, cultura, costumbres, vestimenta, religión, ritos… e,
incluso, idioma en muchos de los casos. Y si admitimos que su historia
civilizada abarca unos seis mil años, la empresa de describir en un solo
volumen, por grande que este fuera, toda la geografía, historia, usos y
costumbres… chinos, es impensable, y yo no lo he hecho, pues en esta obra he
dejado aparte geografía e historia (a no ser que fuera estrictamente necesario
para que el lector pueda comprender de lo que hablo) pues no es el objeto de
esta obra, ya que la he enfocado más a aspectos culturales indispensables para
que el lector comprenda parte de la rica cultura china.
Lógicamente, una cultura tan amplia y
compleja como la china, con más de seis mil años de antigüedad, no puede ser
resumida en una sola obra, ni siquiera de forma superficial, pero lo que si
puedo hacer es informar sobre aquello que es indispensable para comprender la
esencia común a todo el pueblo chino, principalmente todo aquello que todo
practicante de artes marciales chinas debería conocer, y provocar en el lector
un ansia por aprender más sobre ella, por ello, en la presente obra de divulgación
cultural expongo materias muy dispares pero todas ellas interesantes e
importantes para comprender y conocer el sentir chino. Temas físicos y
metafísicos, científicos (como la Medicina Tradicional China y otras materias
relacionadas), geománticos y adivinatorios (el Feng Shui y el “I-Ching”),
simbólico-matemáticos (numerología), mitológicos (el dragón chino), culturales
(la escritura y el calendario chinos), etcétera. Pero antes comenzaré por dos
temas vitales para poder comprender gran parte del resto de la obra: “El Chi: la energía vital” que forma
parte de todo lo existente, continuando por su expresión humana, representada
por la vitalidad existencial, esto es, “El
concepto de la edad en la China tradicional”, antes con continuar con el
resto de los temas ya mencionados, los cuales intentaré desarrollarlos de tal
forma que sean una “escalera” de conocimiento, asentándose los capítulos
posteriores sobre lo indicado en los anteriores.
Es lógico que indique el término de Medicina
Tradicional China, en contraposición de la Medicina China actual que es una
fusión de la llamada ”tradicional” y la, digamos Medicina Moderna u occidental;
como esta última ya es conocida por todo lector, pues es la que conoce desde
niño, sólo hablaré de aquella medicina que nació en China hace milenios y fue
desarrollada desde entonces, con multitud de ramas, las cuales serán expuestas
en el texto de la presente obra.
A lo largo de la obra, amable lector, verás
que incluyo una gran cantidad de notas a pie de página, en las que incluyo
información adicional de gran interés que amplía y facilita la comprensión del
texto principal, pero que no está incluida en éste pues interrumpiría su
desarrollo fluido, y por ello lo consigno en la parte inferior de la página.
Además, queriendo facilitar la lectura y comprensión de la obra, la he
organizado en capítulos que a su vez estarán divididos en secciones y estas a
su vez podrán tener apartados, fácilmente reconocibles por estar todos ellos
escritos con negrita y, además, las secciones, con letra mayúscula.
Aprovecho para indicar que en el caso de los
términos chinos que leerás en esta obra, para una mejor comprensión, los
escribiré generalmente con trascripción fonética, esto es, tal y como los
pronunciamos aproximadamente en castellano, pues si no tendrías que conocer las
reglas gramaticales chinas (en mandarín y en cantonés, dependiendo del idioma
que escoja en su momento, aunque en general lo haré en mandarín). La razón es
sencilla, al no conocer las reglas gramaticales del pinyin[5] moderno y leerlo sin más en la presente obra podrías, por
ejemplo, denominar al conocido Tai Chi Ch’uan como Taijiquan, que es como se
escribe actualmente en pinyin; lo que hago con la transcripción fonética es lo
mismo que si escribiera Shecspir en
lugar de Shakespeare, pero en este caso si conocemos las reglas gramaticales
inglesas y, lógicamente, escribimos como Shakespeare lo que pronunciamos como Shecspir, aunque si se escribiera de
esta forma podría ayudar a los no versados en la lengua inglesa. Como sé que
algunos lectores pudieran conocer la lengua china, en su momento indicaré la
trascripción pinyin además de la pronunciación figurada.
No quiero terminar este prefacio, sin
expresar mi agradecimiento a aquel que haya adquirido la presente obra; espero
que te guste, amable lector, y te anime a investigar más profundamente en
alguno de los temas aquí expuestos, lo cual demostraría que sus páginas han
provocado un sano interés intelectual. Recuerda: “el conocimiento es poder”.
F. Javier Hernández.
(Madrid, 2022).
[1].- Francis Bacon fue un célebre filósofo,
político, abogado y escritor británico al que le considera padre del empirismo
filosófico y científico.
[2].- Todo ello lo expondré a lo largo del texto
de los distintos capítulos que componen la presente obra, pero sobre todo lo
haré en el capítulo 13, titulado “Aportaciones
chinas al mundo”, en el cual haré una amplia exposición de descubrimientos
e inventos originados en China.
[3].- La importancia de la figura de Joseph
Needham (1900-1995) en la difusión de los avances chinos históricos es tal, que
en China le han dado un nombre en su idioma (Li Yuese); además fue elegido en
su país de nacimiento como miembro de las prestigiosas: Royal Society y British
Academy. Todo ello premiando haber sido el primer académico occidental que
reconoció y difundió el gran pasado científico de China, revelando su
importancia al resto del mundo.
[4].- La sinología es la rama del conocimiento que
estudia la lengua, la literatura, la cultura y las instituciones del mundo
chino, aunando dos perspectivas importantes: el punto de vista chino y el punto
de vista occidental.
[5].- Pinyin es el sistema de transcripción
fonética del chino mandarín desarrollado por Chou Yu-kuang a mediados del siglo
XX, y está reconocido por la República Popular China desde 1958 con el nombre
de “hànyû pinyin”, literalmente “deletreo de los sonidos de la lengua del
grupo cultural de los Han”, aunque es conocido por el simplificado “pinyin”. Chou Yu-kuang (Zhou Youguang,
en pinyin) fue un lingüista chino que tuvo el encargo expreso por el gobierno
chino de desarrollar un sistema de romanización del chino mandarín. Con este
sistema se transcribe fonéticamente el mandarín oficial en caracteres latinos
y, aunque no es un sistema perfecto es lo mejor que se puede hacer dada la
dificultad para expresar la correcta pronunciación china en caracteres
comprensibles por alguien no chino (y que además no conozca su escritura
conceptual realizada con sus ideogramas tradicionales).

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