domingo, 2 de agosto de 2026

EXTRACTOS DEL LIBRO: “Conocer Oriente: China”.

 

En su prefacio podemos leer, como presentación al libro:

 

Siempre he repetido a mis alumnos y discípulos un antiguo proverbio atribuido a Aristóteles, que dice: “Todo guerrero debe ser también un erudito para que sea perfectamente consciente de su poder”. Creo que es una enseñanza que debería ser asumida por cualquier artista marcial, sin importante el arte que practique pues, aunque “el saber no ocupe lugar” como dice el vetusto dicho, en el caso de los artistas marciales debería ser una exigencia que no solo aprenda el aspecto técnico y físico de su arte, sino que además debería conocer, al menos mínimamente, algo de la cultura del país donde se generó el arte que practica pues, de esta forma, comprenderá mejor de donde surgió aquello que tanto le apasiona y, además, disfrutará de un conocimiento que le enriquecerá intelectualmente, algo indispensable en cualquier persona pero más en un artista marcial, como ya he indicado.

 

En general hay un gran desconocimiento de la cultura oriental por parte del mundo occidental a pesar de su importancia, y esto es algo que hay que achacar a la negligencia de la cultura occidental, que ningunea todo aquello que no sean sus logros, olvidando que en realidad estos no habrían sido posibles sin la ayuda de otras culturas anteriores en la que basaron y asentaron sus conocimientos; si bien esto es lamentable en cualquier persona, en el caso de un artista marcial que no conozca los principios en los que se asienta la cultura que generó el arte marcial que practica es penoso, pero no hay que asustarse ni escandalizarse, pues el desconocimiento es subsanable, ya que existen innumerables obras, que llenan bibliotecas enteras, para poder extraer los conocimientos de los que adolece y, aunque pueda parecer un trabajo tremendo el leer todas estas obras, para algo está la obra que tienes en tus manos, pues aquí encontrarás expuestos muchos temas culturales que deberías conocer, sino en profundidad, al menos de forma somera.

 

Por ello, el propósito de esta obra no es enumerar ciudades o recetas gastronómicas, ni siquiera indicar que templos o monumentos son los que se deben visitar o que barrios conocer, pues es algo que se lo dejo a los libros y guías de viaje, los cuales, además de enumerar datos interesantes para los turistas, sirven como diversión y entretenimiento a aquellos lectores que ni siquiera se les pasa por la cabeza la idea de viajar a tan lejanas latitudes, no, el propósito de esta obra es muy distinto, pues está escrita con la sana intención de que conozcas mejor un país tan importante culturalmente como es China, explicando conceptos y analizando aspectos de su cultura que sin duda te interesarán, algo que no verás en ninguna guía de viajes (“lo que nadie te contó”, como indica el subtítulo de la presente obra), aunque también estas deberían tratar de ello si quieren informar adecuadamente al turista sobre interesantes aspectos que, sin duda, debería conocer, para poder decir que realmente ha conocido China no que, simplemente, ha ido a China.

 



Debo reconocer que el título de la presente obra: “Conocer oriente”, aunque el presente volumen esté dedicado monográficamente a China, no es algo nuevo, pues es el título de una serie de artículos de divulgación cultural oriental que comencé a publicar en la revista española “Dojo”, dedicada a las artes marciales y al mundo marcial y oriental, comenzando dicha serie con un artículo sobre el pensador chino Confucio, en su número 58, publicado en el mes de diciembre de 1982, aunque su espíritu divulgador ya comenzó en mi primer artículo publicado:Introducción al estudio del Tao (en la revista española de artes marciales “El Budoka”, en su número 74, publicado en el mes de junio de 1980), y en mi ensayo: “El Tao Te Ching como expresión del Derecho Natural” realizado en junio de 1978, cuando estudiaba la carrera de Derecho en la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense de Madrid.

 

 

En el presente volumen conocerás parte de Oriente, China para ser más exactos, un país milenario que mucho ha enseñado e influido en muchísimas civilizaciones, sobre todo del este y sudoeste asiático, pero no solo en culturas de esta amplia zona geográfica, sino que también ha influido en zonas tan alejadas como Filipinas… y en el resto del mundo.

 

Curiosamente China ha sido precursora de grandes avances técnicos, teóricos y prácticos que han sido “olvidados” por Occidente pues, como ya hicieron otras civilizaciones, se cree el ombligo del mundo, como dice el popular término, esto es, Occidente cree que sus logros han sido imprescindibles para el resto del mundo y que todo se ha fundamentado y creado allí cuando esto no así, Occidente es muy importante, sobre todo en los últimos siglos, pero su conocimiento básico, en los que se basan todos sus logros, provienen de otras civilizaciones anteriores, como suele decirse, Occidente solo puede ver más lejos pues está subido en los hombros de gigantes que fueron los genios de otras civilizaciones anteriores que, con su talento, fundamentaron los avances que actualmente disfrutamos..

 

Francis Bacon[1] afirmó en cierta ocasión que los cuatro inventos más importantes que facilitaron en Occidente la transición de la Edad Media al mundo moderno, fueron “la pólvora, la brújula magnética, el papel y la impresión”, siendo todos ellos inventos chinos, y no solo estos avances fueron gestados en China, hubo muchos más que expondré en la presente obra[2], incluso en los últimos años se ha descubierto la influencia china en la gestación de los primeros mapas que cartografiaron el mundo a mediados del siglo XV, que fueron aprovechados por marinos contemporáneos y posteriores para “descubrir” nuevas tierras y nuevas rutas marítimas, incluso Colon usó las copias de algunos de estos mapas que encontró en la biblioteca del rey portugués Enrique “el Navegante”, que usó para su viaje para “descubrir América”. Tal vez la ignorancia de todos estos logros sea debido a que China ha estado aislada del resto del mundo occidental, a grandes rasgos: por el este por el Océano Pacífico, y por el norte por los desiertos de Manchuria y Mongolia, por el noroeste por las altas cordilleras del Himalaya, que se ramifican hacia el sur y el sudoeste.

 

Hace unos años, el bioquímico e historiador británico experto en tecnología Joseph Needham[3] elaboró lo que se ha dado en llamar la “Neddham Question” (“la Gran Pregunta de Needham)”, el cual inquirió: “¿Por qué China y la India han sido superadas por occidente en ciencia y tecnología, a pesar de sus éxitos anteriores?”. Es una interesante pregunta de difícil respuesta pues en la antigüedad los chinos aventajaron ampliamente los logros occidentales gracias al impacto del confucionismo y el taoísmo en la sociedad china, que aceleró el desarrollo de la inventiva de la ciencia china debido a una simbiosis entre ambas corrientes filosóficas y del saber humano, que logró que los conceptos taoístas sentaran las bases científicas, y gracias al confucionismo los avances se fueron difundiendo enormemente por toda China, debido al concepto confucionista de la erudición y la recompensa a aquellos ciudadanos mejor preparados intelectualmente, logrando una acumulación constante de logros científicos a lo largo de toda la historia china, algo que fue superado por la ciencia moderna occidental tras el Renacimiento, aunque jamás estuvo realmente estancada, el problema fue que el gobierno dinástico controlaba severamente todo avance científico con el fin de mantener su control, apropiándose de cualquier nuevo descubrimiento para su uso exclusivo. En palabras de la sinóloga[4] francesa Etienne Balazs: “el ingenio y la inventiva de los chinos sin duda habrían enriquecido aún más a China y probablemente la habrían llevado al umbral de la industria moderna, de no haber sido por el asfixiante control estatal. Es el Estado el que mata el progreso tecnológico de China”, esto es, las instituciones chinas impidieron la adopción de una metodología basada en la experimentación, al inhibir la creatividad intelectual, una verdadera pena.

 

 

China es un país geográficamente desmesurado; con casi once millones de kilómetros cuadrados de extensión, tiene una geografía llena de contrastes, con grandes ríos y llanuras, valles y mesetas, desiertos y vergeles, catorce mil kilómetros de costa y enormes montañas, con una climatología diversa al ocupar gran terreno por encima y por debajo del ecuador, teniendo parte de su territorio en el hemisferio norte y otra en el sur, y con ello, todo tipo clima y los más variados cultivos, con veintidós provincias tan grandes como naciones europeas, a las que se le suman cuatro urbes con jurisdicción centralizada, como si fueran un estado unitario dentro de China (que son Pekín, Shanghai, Tianchin –Tianjin, en pinyin- y Chong Ching –Chongqing, en pinyin-), a las que hay que sumar dos regiones administrativas semi-autónomas (que son: Macao y Hong Kong) y con el Tibet como Región Autónoma pero integrada políticamente; todo ello hace que sea prácticamente imposible describirla geográficamente en una sola obra. Además, hay que tener en cuenta que integra dentro de sus fronteras a más de mil quinientos millones de personas integradas en cincuenta y seis etnias distintas, cada una de ellas con su idiosincrasia, esto es, cultura, costumbres, vestimenta, religión, ritos… e, incluso, idioma en muchos de los casos. Y si admitimos que su historia civilizada abarca unos seis mil años, la empresa de describir en un solo volumen, por grande que este fuera, toda la geografía, historia, usos y costumbres… chinos, es impensable, y yo no lo he hecho, pues en esta obra he dejado aparte geografía e historia (a no ser que fuera estrictamente necesario para que el lector pueda comprender de lo que hablo) pues no es el objeto de esta obra, ya que la he enfocado más a aspectos culturales indispensables para que el lector comprenda parte de la rica cultura china.

 

Lógicamente, una cultura tan amplia y compleja como la china, con más de seis mil años de antigüedad, no puede ser resumida en una sola obra, ni siquiera de forma superficial, pero lo que si puedo hacer es informar sobre aquello que es indispensable para comprender la esencia común a todo el pueblo chino, principalmente todo aquello que todo practicante de artes marciales chinas debería conocer, y provocar en el lector un ansia por aprender más sobre ella, por ello, en la presente obra de divulgación cultural expongo materias muy dispares pero todas ellas interesantes e importantes para comprender y conocer el sentir chino. Temas físicos y metafísicos, científicos (como la Medicina Tradicional China y otras materias relacionadas), geománticos y adivinatorios (el Feng Shui y el “I-Ching”), simbólico-matemáticos (numerología), mitológicos (el dragón chino), culturales (la escritura y el calendario chinos), etcétera. Pero antes comenzaré por dos temas vitales para poder comprender gran parte del resto de la obra: “El Chi: la energía vital” que forma parte de todo lo existente, continuando por su expresión humana, representada por la vitalidad existencial, esto es, “El concepto de la edad en la China tradicional”, antes con continuar con el resto de los temas ya mencionados, los cuales intentaré desarrollarlos de tal forma que sean una “escalera” de conocimiento, asentándose los capítulos posteriores sobre lo indicado en los anteriores.

 

Es lógico que indique el término de Medicina Tradicional China, en contraposición de la Medicina China actual que es una fusión de la llamada ”tradicional” y la, digamos Medicina Moderna u occidental; como esta última ya es conocida por todo lector, pues es la que conoce desde niño, sólo hablaré de aquella medicina que nació en China hace milenios y fue desarrollada desde entonces, con multitud de ramas, las cuales serán expuestas en el texto de la presente obra.

 

 

A lo largo de la obra, amable lector, verás que incluyo una gran cantidad de notas a pie de página, en las que incluyo información adicional de gran interés que amplía y facilita la comprensión del texto principal, pero que no está incluida en éste pues interrumpiría su desarrollo fluido, y por ello lo consigno en la parte inferior de la página. Además, queriendo facilitar la lectura y comprensión de la obra, la he organizado en capítulos que a su vez estarán divididos en secciones y estas a su vez podrán tener apartados, fácilmente reconocibles por estar todos ellos escritos con negrita y, además, las secciones, con letra mayúscula.

 

 

Aprovecho para indicar que en el caso de los términos chinos que leerás en esta obra, para una mejor comprensión, los escribiré generalmente con trascripción fonética, esto es, tal y como los pronunciamos aproximadamente en castellano, pues si no tendrías que conocer las reglas gramaticales chinas (en mandarín y en cantonés, dependiendo del idioma que escoja en su momento, aunque en general lo haré en mandarín). La razón es sencilla, al no conocer las reglas gramaticales del pinyin[5] moderno y leerlo sin más en la presente obra podrías, por ejemplo, denominar al conocido Tai Chi Ch’uan como Taijiquan, que es como se escribe actualmente en pinyin; lo que hago con la transcripción fonética es lo mismo que si escribiera Shecspir en lugar de Shakespeare, pero en este caso si conocemos las reglas gramaticales inglesas y, lógicamente, escribimos como Shakespeare lo que pronunciamos como Shecspir, aunque si se escribiera de esta forma podría ayudar a los no versados en la lengua inglesa. Como sé que algunos lectores pudieran conocer la lengua china, en su momento indicaré la trascripción pinyin además de la pronunciación figurada.

 

 

No quiero terminar este prefacio, sin expresar mi agradecimiento a aquel que haya adquirido la presente obra; espero que te guste, amable lector, y te anime a investigar más profundamente en alguno de los temas aquí expuestos, lo cual demostraría que sus páginas han provocado un sano interés intelectual. Recuerda: “el conocimiento es poder”.

 

 

F. Javier Hernández.

(Madrid, 2022).

 

 



[1].-   Francis Bacon fue un célebre filósofo, político, abogado y escritor británico al que le considera padre del empirismo filosófico y científico.

[2].-   Todo ello lo expondré a lo largo del texto de los distintos capítulos que componen la presente obra, pero sobre todo lo haré en el capítulo 13, titulado “Aportaciones chinas al mundo”, en el cual haré una amplia exposición de descubrimientos e inventos originados en China.

[3].-   La importancia de la figura de Joseph Needham (1900-1995) en la difusión de los avances chinos históricos es tal, que en China le han dado un nombre en su idioma (Li Yuese); además fue elegido en su país de nacimiento como miembro de las prestigiosas: Royal Society y British Academy. Todo ello premiando haber sido el primer académico occidental que reconoció y difundió el gran pasado científico de China, revelando su importancia al resto del mundo.

[4].-   La sinología es la rama del conocimiento que estudia la lengua, la literatura, la cultura y las instituciones del mundo chino, aunando dos perspectivas importantes: el punto de vista chino y el punto de vista occidental.

[5].-   Pinyin es el sistema de transcripción fonética del chino mandarín desarrollado por Chou Yu-kuang a mediados del siglo XX, y está reconocido por la República Popular China desde 1958 con el nombre de “hànyû pinyin”, literalmente “deletreo de los sonidos de la lengua del grupo cultural de los Han”, aunque es conocido por el simplificado “pinyin”. Chou Yu-kuang (Zhou Youguang, en pinyin) fue un lingüista chino que tuvo el encargo expreso por el gobierno chino de desarrollar un sistema de romanización del chino mandarín. Con este sistema se transcribe fonéticamente el mandarín oficial en caracteres latinos y, aunque no es un sistema perfecto es lo mejor que se puede hacer dada la dificultad para expresar la correcta pronunciación china en caracteres comprensibles por alguien no chino (y que además no conozca su escritura conceptual realizada con sus ideogramas tradicionales).

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